NOTICIAS GLOBALES. Año V.
Número 372; 21/02. Documentación nº 492; Buenos Aires, 08 de
Abril de 2002
492) JUAN PABLO II: DISCURSO A LA
ASAMBLEA GENERAL DE LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA. Miércoles 27 de
febrero de 2002. (Texo íntegro)
1.Una vez más se renueva nuestro encuentro,
queridos e ilustres miembros de la Academia pontificia para la vida, un encuentro que
siempre constituye para mí motivo de alegría y de esperanza.
Dirijo mi saludo con viva cordialidad a cada uno
personalmente. Doy las gracias, en particular, al presidente, profesor Juan de Dios Vial
Correa, por las amables palabras con las que ha querido hacerse intérprete de vuestros
sentimientos. Dirijo un saludo especial también al vicepresidente, monseñor Elio
Sgreccia, animador solícito de la actividad de la Academia pontificia.
2. Estáis celebrando durante estos días
vuestra VIII asamblea general, y, con este fin, habéis acudido aquí en gran número
desde vuestros países respectivos, para afrontar una temática fundamental en el ámbito
de la reflexión más general sobre la dignidad de la vida humana: "Naturaleza y
dignidad de la persona humana como fundamento del derecho a la vida. Los desafíos del
contexto cultural contemporáneo".
Habéis elegido tratar uno de los puntos
esenciales que constituyen el fundamento de toda reflexión ulterior, tanto de tipo
ético-aplicativo en el campo de la bioética como de tipo sociocultural para la
promoción de una nueva mentalidad en favor de la vida.
Para muchos pensadores contemporáneos los
conceptos de "naturaleza" y de "ley natural" sólo se pueden aplicar
al mundo físico y biológico o, en cuanto expresión del orden del cosmos, a la
investigación científica y a la ecología. Por desgracia, desde esa perspectiva resulta
difícil captar el significado de la naturaleza humana en sentido metafísico, así como
el de ley natural en el orden moral.
Ciertamente, la pérdida casi total del concepto
de creación, concepto que se puede referir a toda la realidad cósmica, pero que reviste
un significado particular en relación con el hombre, ha contribuido a hacer más difícil
ese paso hacia la profundidad de lo real. También ha influido en ello el debilitamiento
de la confianza en la razón, que caracteriza a gran parte de la filosofía
contemporánea, como afirmé en la encíclica Fides et ratio (cf. n. 61).
Por tanto, hace falta un renovado esfuerzo
cognoscitivo para volver a captar en sus raíces, y en todo su alcance, el significado
antropológico y ético de la ley natural y del relativo concepto de derecho natural. En
efecto, se trata de demostrar si es posible, y cómo, "reconocer" los rasgos
propios de todo ser humano, en términos de naturaleza y dignidad, como fundamento del
derecho a la vida, en sus múltiples formulaciones históricas. Sólo sobre esta base es
posible un verdadero diálogo y una auténtica colaboración entre creyentes y no
creyentes.
3. La experiencia diaria muestra la existencia
de una realidad de fondo común a todos los seres humanos, gracias a la cual pueden
reconocerse como tales. Es necesario hacer referencia siempre a "la naturaleza propia
y originaria del hombre, a la naturaleza de la persona humana, que es la persona misma en
la unidad de alma y cuerpo; en la unidad de sus inclinaciones de orden espiritual y
biológico, así como de todas las demás características específicas, necesarias para
alcanzar su fin" (Veritatis splendor, 50; cf. también Gaudium et spes, 14).
Esta naturaleza peculiar funda los derechos de
todo individuo humano, que tiene dignidad de persona desde el momento de su concepción.
Esta dignidad objetiva, que tiene su origen en Dios creador, se basa en la espiritualidad
que es propia del alma, pero se extiende también a su corporeidad, que es uno de sus
componentes esenciales. Nadie puede quitarla, más aún, todos la deben respetar en sí y
en los demás. Es una dignidad igual en todos, y permanece intacta en cada estadio de la
vida humana individual.
El reconocimiento de esta dignidad natural es la
base del orden social, como nos recuerda el concilio Vaticano II: "Aunque existen
diferencias justas entre los hombres, la igual dignidad de las personas exige que se
llegue a una situación de vida más humana y más justa" (Gaudium et spes, 29).
La persona humana, con su razón, es capaz de
reconocer tanto esta dignidad profunda y objetiva de su ser como las exigencias éticas
que derivan de ella. En otras palabras, el hombre puede leer en sí el valor y las
exigencias morales de su dignidad. Y esta lectura constituye un descubrimiento siempre
perfectible, según las coordenadas de la "historicidad" típicas del
conocimiento humano.
Es lo que afirmé en la encíclica Veritatis
splendor, a propósito de la ley moral natural, que, según las palabras de santo Tomás
de Aquino, "no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por
Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Dios ha
donado esta luz y esta ley en la creación" (n. 40; cf. también Catecismo de la
Iglesia católica, nn. 1954-1955).
4. Es importante ayudar a nuestros
contemporáneos a comprender el valor positivo y humanizador de la ley moral natural,
aclarando una serie de malentendidos e interpretaciones falaces.
El primer equívoco que conviene eliminar es
"el presunto conflicto entre libertad y naturaleza", que "repercute
también sobre la interpretación de algunos aspectos específicos de la ley natural,
principalmente sobre su universalidad e inmutabilidad" (Veritatis splendor, 51). En
efecto, también la libertad pertenece a la naturaleza racional del hombre, y puede y debe
ser guiada por la razón: "Precisamente gracias a esta verdad, la ley natural implica
la universalidad. En cuanto inscrita en la naturaleza racional de la persona, se impone a
todo ser dotado de razón y que vive en la historia" (ib.).
5. Otro punto que hace falta aclarar es el
presunto carácter estático y determinista atribuido a la noción de ley moral natural,
sugerido quizá por una analogía errónea con el concepto de naturaleza propio de las
realidades físicas. En verdad, el carácter de universalidad y obligatoriedad moral
estimula y urge el crecimiento de la persona. "Para perfeccionarse en su orden
específico, la persona debe realizar el bien y evitar el mal, preservar la transmisión y
la conservación de la vida, mejorar y desarrollar las riquezas del mundo sensible,
cultivar la vida social, buscar la verdad, practicar el bien y contemplar la belleza"
(ib.; cf. santo Tomás, Suma teológica, I-II, q.94, a.2).
De hecho, el magisterio de la Iglesia se refiere
a la universalidad y al carácter dinámico y perfectivo de la ley natural con relación a
la transmisión de la vida, tanto para mantener en el acto procreador la plenitud de la
unión esponsal como para conservar en el amor conyugal la apertura a la vida (cf. Humanae
vitae, 10; Donum vitae, II, 1-8). Análoga referencia hace el Magisterio cuando se trata
del respeto a la vida humana inocente: aquí el pensamiento va al aborto, a la eutanasia y
a la supresión y experimentación que destruye los embriones y los fetos humanos (cf.
Evangelium vitae, 52-67).
6. La ley natural, en cuanto regula las
relaciones interhumanas, se califica como "derecho natural" y, como tal, exige
el respeto integral de la dignidad de cada persona en la búsqueda del bien común. Una
concepción auténtica del derecho natural, entendido como tutela de la eminente e
inalienable dignidad de todo ser humano, es garantía de igualdad y da contenido verdadero
a los "derechos del hombre", que constituyen el fundamento de las Declaraciones
internacionales.
En efecto, los derechos del hombre deben
referirse a lo que el hombre es por naturaleza y en virtud de su dignidad, y no a las
expresiones de opciones subjetivas propias de los que gozan del poder de participar en la
vida social o de los que obtienen el consenso de la mayoría. En la encíclica Evangelium
vitae denuncié el grave peligro de que esta falsa interpretación de los derechos del
hombre, como derechos de la subjetividad individual o colectiva, separada de la referencia
a la verdad de la naturaleza humana, puede llevar también a los regímenes democráticos
a transformarse en un totalitarismo sustancial (cf. nn. 19-20).
En particular, entre los derechos fundamentales
del hombre, la Iglesia católica reivindica para todo ser humano el derecho a la vida como
derecho primario. Lo hace en nombre de la verdad del hombre y en defensa de su libertad,
que no puede subsistir sin el respeto a la vida. La Iglesia afirma el derecho a la vida de
todo ser humano inocente y en todo momento de su existencia. La distinción que se sugiere
a veces en algunos documentos internacionales entre "ser humano" y "persona
humana", para reconocer luego el derecho a la vida y a la integridad física sólo a
la persona ya nacida, es una distinción artificial sin fundamento científico ni
filosófico: todo ser humano, desde su concepción y hasta su muerte natural, posee el
derecho inviolable a la vida y merece todo el respeto debido a la persona humana (cf.
Donum vitae, 1).
7. Queridos hermanos, como conclusión, deseo
estimular vuestra reflexión sobre la ley moral natural y sobre el derecho natural, con el
deseo de que brote de ella un nuevo y fuerte impulso de instauración del verdadero bien
del hombre y de un orden social justo y pacífico. Volviendo siempre a las raíces
profundas de la dignidad humana y de su verdadero bien, y basándose en lo que existe de
imperecedero y esencial en el hombre, se puede entablar un diálogo fecundo con los
hombres de cada cultura, con vistas a una sociedad inspirada en los valores de la justicia
y la fraternidad.
Agradeciéndoos una vez más vuestra
colaboración, encomiendo las actividades de la Academia pontificia para la vida a la
Madre de Jesús, el Verbo hecho carne en su seno virginal, a fin de que os acompañe en el
compromiso que la Iglesia os ha confiado para la defensa y la promoción del don de la
vida y de la dignidad de todo ser humano.
Con este deseo, os imparto a vosotros y a
vuestros seres queridos mi afectuosa bendición.
FIN, 08-04-02.
Noticias Globales 21/02, 08 de abril 2002
Editor: Pbro. Dr. Juan Claudio Sanahuja
E-mail:
jcs@arnet.com.ar;
http://www.puertovida.com/noticiasglobales
Tel/Fax: (54-11)-4813-5320; (54-11)-4811-1678
NOTICIAS GLOBALES ES UN BOLETÍN DE NOTICIAS SOBRE TEMAS QUE SE RELACIONAN CON LA
PROMOCIÓN Y DEFENSA DE LA VIDA HUMANA Y LA FAMILIA. Citando la fuente y el nombre del
autor, se autoriza la reproducción total o parcial de los artículos contenidos en cada
número del boletín. En caso de tratarse de una reproducción impresa se ruega enviar una
copia a PARANÁ 945, 3º; 1017 BUENOS AIRES; ARGENTINA.